A partir de décadas de investigación acerca de la importancia de la luz para nuestras funciones biológicas, sabemos que la luz nos afecta y estimula tanto física como emocionalmente, y que tiene un impacto medible en nuestro estado mental e, incluso, nuestra capacidad de recuperarnos de una enfermedad. Sabemos que si nos exponemos a la suficiente cantidad de luz natural, nuestra tensión arterial baja y el riesgo de enfermedad cardiovascular disminuye. En el aspecto mental, la luz solar y la artificial palian las deprimentes condiciones y se extrae que, si recibimos la suficiente luz al comenzar el día, es más probable que durmamos mejor por la noche.
El acceso a la luz solar se considera también un factor que contribuye a reducir el tiempo de recuperación o la cantidad de medicación que requieren los pacientes. El diseño de iluminación para hospitales debería buscar optimizar la luz natural, incluida la luz solar, en habitaciones de paciente, salas de espera, habitaciones del personal y zonas de descanso; y allá donde la luz solar sea insuficiente esto debería compensarse mediante la provisión de soluciones de iluminación que simulen las condiciones de iluminación natural a lo largo del día en favor del ritmo circadiano, el reloj de veinticuatro horas del cerebro humano que establece los ciclos de sueño y vigilia a intervalos regulares. Expresado en términos simples, una luz naturalista es una luz artificial que emula el propio ritmo natural de luz y oscuridad.